Cuando un sistema de inteligencia artificial ayuda a resolver un problema científico que ha permanecido abierto durante años, la palabra «herramienta» de repente parece insuficiente. No porque la máquina sea necesariamente consciente, sino porque su función ya no se asemeja a la de una calculadora.
Los modelos pueden explorar un inmenso abanico de posibilidades, identificar correlaciones y sugerir pasos que el investigador no había considerado. El resultado puede parecer intuición. Sin embargo, en la experiencia humana, la intuición también implica reconocer el valor de un descubrimiento, situarlo en un contexto narrativo y comprender sus consecuencias.


