En los últimos años, hemos identificado la inteligencia artificial principalmente con la capacidad de escribir, producir imágenes y generar vídeo. La IA física cambia el enfoque del debate: conecta modelos con sensores, motores y máquinas que pueden interactuar con el mundo.
El robot humanoide es la manifestación más visible de esta transformación, ya que puede moverse por entornos diseñados para el cuerpo humano. Sin embargo, el parecido externo no es suficiente: caminar se ha convertido en una demostración espectacular, mientras que el uso preciso de las manos sigue siendo uno de los retos decisivos.


