Durante mucho tiempo, el vídeo generativo se juzgaba a través de una sola toma. Sin embargo, el cine comienza cuando una imagen debe establecer una relación con la siguiente.
El verdadero desafío reside en la continuidad. Un personaje debe conservar su rostro, vestuario e intención; un espacio necesita una geografía; la luz debe cambiar según una lógica. Sin control, el resultado es una sucesión de accidentes visuales.


