Durante treinta años, el navegador fue una ventana: abríamos una página, leíamos, hacíamos clic y decidíamos el siguiente paso. Los agentes de IA están cambiando esa relación. La nueva promesa no es solo «dime dónde encontrar algo», sino «encuéntralo, compáralo y lleva adelante la tarea por mí».
Un agente puede navegar entre páginas, leer información, completar formularios, organizar resultados y utilizar las herramientas que ofrecen los sitios web. Esto transforma la IA, pasando de la respuesta a la acción. La calidad ya no se mide únicamente por la frase producida, sino por la capacidad de completar una secuencia sin perder el contexto ni realizar acciones incorrectas.
Sin embargo, la web se diseñó principalmente para personas y software determinista. Un agente interpreta instrucciones, contenido e interfaces. Esto crea nuevas superficies de ataque. La guía de seguridad WebMCP de Google advierte explícitamente sobre las instrucciones maliciosas ocultas en las definiciones de herramientas o en el contenido que devuelve una página.


